sábado, 19 de noviembre de 2011

A mis amigos (I)...

Bueno, lectores de cualquier rincón, hoy me dirijo a vosotros con algo que me resulta nuevo. Supongo que no es esto lo que buscabais en este blog, aunque me temo que es lo que vas a encontrar si continúas estas líneas.

Durante unos instantes, sin venir a cuento, me he planteado lo que significa un amigo. Un amigo es aquella persona que te deja una marca en algún lugar indeterminado. Y me he planteado el hecho de lo triste que me parecía que a los amigos se les reconocieran sus virtudes delante de sus familias, habiéndole dado el pésame, y no durante vida y disfrute de las partes constituyentes de la amistad.

Por ello, me he decidido a cambiarlo, con aquello que yo pueda hacer, y por esto, queda inaugurada la sección  de "A mis amigos...", donde espero mencionar, recordar antes de tiempo y expresar mi gratitud a todas aquellas personas que en los últimos meses se han ido haciendo un hueco, algunos de manera involuntaria, en ese estante en el que guardo a mis más preciados amigos.

Tal vez, si tú sales mencionado, pienses que lo que tenemos no es amistad, o que no es únicamente eso, tal vez te preguntes si lo que acaso compartimos no es una cierta enemistad, tal vez no quieras aparecer (en cuyo caso, te ruego que me lo comuniques), tal vez pienses que nos conocemos muy poco, o que no te he sabido valorar. Espero que en cualquier caso sepas actuar en consecuencia.

Tal vez se me olvide mencionarte. Ojalá no te enfades.

Estas son algunas de las personas que probablemente aparezcan en siguientes publicaciones: Juan, Félix, María, Alejo, Jose Antonio, Fran, Rosa, Angie, Mirete, Omar... si apareces, te reconocerás. Si no, es posible que te encuentres entre los puntos suspensivos.

Esto no suena bien, aun así, quiero ponerlo: Si murieras, lo expuesto en tu respectiva publicación estaría muy cerca de lo que en el momento de escribirlo pienso de ti. Hasta entonces, disfrutemos lo que podamos.



A mi amigo, Javi...

Bueno, historiador. Aquí me toca hablar de ti. Eres una personar increíble. Así, tal cual te lo digo, lo pienso. El mero hecho de tu exquisita educación dice de ti tanto cómo tu capacidad de decir algo agradable en el momento oportuno.
Eres un tío dulce. Muy, muy dulce, sin llegar a lo excesivo. Y juega a tu favor. No lo pierdas.
Me caes muy bien, supongo que es algo habitual en cualquier persona de tu entorno. Sí, me ha faltado un STOP para que esto parezca un telegrama.

El día que os conocí a tu hermano y a ti, dudé acerca de que tipo de persona, amigo, seríais. Por un lado, tenía la sensación de que podía confiar en vosotros, por otro, recelo, por lo que me pareció una simpatía no muy habitual para gente de hoy. Me alegro de haber comprobado con el tiempo de que no solo se puede confiar en vosotros, sino que se puede entablar conversaciones abiertas, de que sois personas maravillosas, y de que haberos conocido es una de las mayores fortunas que me ha tocado en el ámbito social, en cuanto a amistades (En alguna ocasión se me escapará una lágrima por vosotros, estoy seguro).

Supongo que a ti Javi, en concreto, me ha acercado mucho la escritura, el gusto por la música relajada (De ahí que The Ressistence sea una parada obligatoria para mi los días en los que me lo puedo permitir), y la conversación de Almagro de más de dos horas durante el paseo por la ciudad y el tiempo sentados en banco, y la vuelta a la residencia (e incluso allí continuó la conversación... ahora pensar en una conversación así es harto dificultoso por el tiempo).
Gracias por haberme enseñado (sin saberlo) TSO Photography. Por esto mismo es esta canción la que acompaña tú entrada.

Tu alegría día tras día es un misterio que espero resolver algún día, así cómo otro no mencionable si no es en un cara a cara.

Y todo esto es una muestra del increíble y mal expresado aprecio que siento hacia ti, que se queda muy corta. Amigo mío, un placer haberte conocido, y un deseo que sigas apareciendo en el carrete fotográfico que un día será el álbum que dicen, veré pasar ante mis ojos al menos, una vez.

Mantén esa sonrisa, es una gran ventaja.

neonenHD

viernes, 11 de noviembre de 2011

(Beso...)


Cómo costa de marfil,
pónese en poniente,
sol antes naciente,
aparezcan lunas mil.

Arena pisada gris,
huellas de su gente,
torso sugerente,
un libre vis a vis.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La estación...

Para acompañar:



La estación...

Era una tarde de otoño. En la estación, el reloj marcaba las 7:15.
El bullicio de la gente animaba un poco esa tarde de Octubre, gente pasando, gente llegando y gente alejándose. Un par de amigos que volvían de un día de ocio, una pareja de ancianitos que despedían con lagrimas en los ojos a su hijo, que tenía que marcharse, una familia que pensaba pasar un fin de semana en Madrid... Y en el centro estaban ellos.
En el horizonte, el sol desaparecía tras un manto de nubes, dejando un rastro de ocres, dando paso a una noche fría, de oscuros azules, acompañados del brillo de farolas viejas en un callejón oscuro, donde el amor tomaba otro nombre.

En la estación, la gente pasaba a su alrededor, agitada, prisas, sentada, calma. Ellos lo sabían. Sabían que el momento llegaba, el día tocaba a su fin, y tendrían que despedirse. Estaban abrazados. Él con sus brazos alrededor de su cintura, ella le abrazaba con su mirada, cautivadora. Cuando ella le miraba así, no necesitaba de brazos, cadenas o muros para saber que lo tenía atrapado, pues él era incapaz de resistir aquella mirada, acaramelada.

Sonó un tren partiendo. Aviso de megafonía. Era su tren. Debía irse. "Un poco" - pidió él - "una vida más" - se decía ella. Ambos seguían abrazados, con los brazos de ella alrededor de su cuello.

Él se inclinó, un poco, y la besó. Fue un beso dulce, una despedida, un "tequiero-losé,yotambién-notevayas-noquieroirme-debeshacerlo,nohayelección". Fue eso y más, un mensaje cifrado, el fin de un día efímero, para ambos interminable a la vez que inexistente.

Nadie lo vió, y dicen que si nadie ve algo, deja de existir, cómo el árbol que cae solo y no hace ruido. Sin embargo, ambos lo sabían, ese beso, despedida, llanto sin lágrimas existía.

Debían separase. El tren, puerta abiertas, invitaba a subirse, pues se marcharía, y ella con él en su interior.
El abrazo se redujo a manos entrelazadas, y las manos en las puntas de los dedos tocándose, sintiéndose, hasta que se separaron tanto que no llegaban la una a la otra. Ella ya estaba dentro, y su rostro decía lo que quería que él supiera. "Te veré pronto" - susurró ella - "Antes de lo que crees" - mintió él.

Las puertas se cerraron, y ella se quedó en el interior, de pie, mirando la puerta, cómo si le viera a través de ella, mientras él al otro lado inclinó la cabeza, suspiró y miró fijamente un punto indefinido en la blancura de la puerta del vagón.

El tren comenzó a moverse. "Te veré pronto" - susurró de nuevo en el interior del vagón. Y mientras, en la estación, el bullicio ensordeció los sentimientos de él.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Ojos violeta...

¿Has visto eso? - ¿El que? - Eso... la luz...- Sí. Veo una luz. Veo una luz, en tus ojos. ¿Que es ese brillo? - No lo sé... cuéntame algo más de esa luz. - Es una luz preciosa. Es una estrella, encerrada dentro de una nebulosa, en los más profundo de esos ojos preciosos, color negro, con destellos de ¿violeta?... ojos con el reflejo del color de vino... embriagadores.

Eso es lo menos romántico que podías decir - ¡eh!, he dicho embriagadores, ¿acaso no es eso romántico? - ojos color vino... - ojos con destellos violeta - ¿ojos morados? - bah, déjalo, cuando no quieres ser romántica, no quieres.



Inspiración poética, en el caso de que existas, un día tú y yo vamos a tener una charla muy seria... me has jodido el momento.



Aviso a lectores - si Ms. Inspiración Poética y yo llegamos a un acuerdo, espero terminar lo aquí comenzado. Para la espera, algo más arriba tenéis una canción.

domingo, 30 de octubre de 2011

La costa...

Para acompañar...



La costa...

Suena al fondo Dorotea Mele. Las líricas de Fabricio Campanelli se desplazan por la habitación, ondean las cortinas, con una brisa del oeste, tarde de luces ocre iluminan su estancia, dándole tonos nuevos, lentitud respirable, serenidad solo alterada por la intransigencia de los sentimientos.

Se levanta de la cama. Él se asoma a la ventana. Ve el mar, al fondo, con el sol poniéndose tras el manto de brillos irregulares y traviesos que es el mar. Se ve el pueblo, costero, de costumbres antiguas y comunicaciones nulas. Un pequeño resquicio del mundo, en una esquinita de la costa italiana, que escapa al paso del tiempo, que se resiste a desaparecer.

Él, desnudo, asomado a la ventana, impasible ante las más bella puesta de sol del mundo, contempla el mundo, las ricas muchachas semi-desnudas de blanco de la playa, alegres, danzantes, ajenas al resto del mundo, ajenas a su mirada.

No siente nada. Sabe que ellas se alegrarían si bajara y se uniera a un juego sin sentido, acompañado de cientos de risas pícaras, con un final en el que todos ganan.

Sin embargo, no baja. Quiere bajar. No baja.
Lo desea, desea poder desear a alguna otra, desea borrar su recuerdo de un plumazo, hacerla desaparecer, dejar de existir, trasladarse en el tiempo hasta antes de conocerla, para evitar toda una vida.

Desea prometerse no existir si puede evitarlo. El sol, conocedor de bienes y males de todo mortal, acaricia su piel, afecto inútil desperdiciado en capas de acero helado, quebrado por la existencia de su risa, sus ojos, su mirada.

El hierro oxidado de los bordes de la ventana se oscurece con la falta de luz, del gigante que finalmente se marcha para volver mañana, con el canto del gallo de plumas doradas, dando paso a la dama de blanco.

Las chicas de la playa han desaparecido, sus risas se han extinguido, dejando un rastro de antorchas y hogueras que se extienden por toda la cala.

Vuelve al interior de la habitación, acaricia por última vez las cortinas, coge los pantalones doblados sobre la silla, la camisa blanca de algodón egipcio, y se despide de la ventana y las vistas.

La noche es joven, aunque el mundo ha muerto.

De nuevo, se lo promete a si mismo

"No existiré mientras pueda evitarlo"



Cómo me gustaría poder exigirte que me obligaras a dejar de hacerlo...

sábado, 8 de octubre de 2011

Ninfa...

Puedes acompañar el relato con algo de sonido


Ninfa...

Te encontré buscándote bajo los arboles.
Corrías, ninfa descalza.
No pisabas, tus delicados pies no llegaban a posarse sobre el suelo, al rozar con las briznas de hierba verde, te elevabas sobre mí, mortal, que a nada de admirar tu belleza me sabía a poco el mundo.

Dejaba caer el peso de la armadura, muerta y fría, sobre el tenue resplandor de los reflejos en el rocío del sol naciente, al tiempo que tu delicada, etérea figura, danzaba entre pilares de madera, y el olor a tierra mojada se filtraba entre cada suspiro. Y a cada suspiro, una nube de vaho abandonaba mis labios, añorando unirse a la plenitud del puro aire, veloz, que corría rodeando troncos y saltando rocas.

Quería llamarte, aunque no conocía tu nombre. Oía tu risa, perseguía su sonido mientra este huía, atemorizado ante la idea de quedar atrapado entre los resquicios de un árbol o las grietas de una roca húmeda.
Las sombras se combinaban en un ritual sagrado con las luces del alba, intencionadamente, para dejarme entrever tu figura mientras danzabas, y saltabas y girabas, escondiéndote tras un tronco grueso, o saltando de nuevo intentando atrapar de nuevo un halo de luz.

Ya con solo un camisón de lana gruesa, blanco y sucio, y mis sandalias de cuero marrón, robustas cómo ningunas otras, trato de alcanzarte, con pasos torpes, apoyándome en cualquier tronco, perdido totalmente el equilibrio.

Te alejas, continuando tu danza eterna, y mientras yo me quedo atrás, pues el peso de mi mortalidad es demasiado para seguir tus pasos. Alzo la mano, en un vano intento de acariciarte la piel, aun siendo ya muchos los arboles que nos separan.

De nuevo, ya lejos, donde casi no puedo ver tu figura, te ríes, y yo, apoyado de espaldas contra madera húmeda, dejo el cuerpo caer por su peso, quedando sentado en el suelo, imaginando por última vez tu sonrisa.

Ahora toca partir hacia los Elíseos, y marcho triste, pues se que allí, en el paraíso, será donde no te pueda ver mas.


jueves, 6 de octubre de 2011

Ilumina tus sentidos con algo de sencillez

Sonido



Mañanas de primavera, mediodías de verano, tardes de otoño, noches de invierno.

Paz, risa, recuerdos, felicidad.

Aire, fuego, tierra, agua.

Flores, sol, hojas secas, nieve.

El simplismo del cubismo, reducido a una dimensión - .

Todo. Nada. La mitad. La parte que tú no quieras. Pizza.

Corre, corre, corre. Párate. Respira.

Prólogo.